Según una antigua leyenda, Siena fue fundada por Asquio y Senio, hijos de Remo (hermano de Rómulo, mítico fundador de Roma), sobre las tres colinas que ocupa actualmente. Es cierto que en el periodo imperial fue súbdita de Roma con el nombre de Sena Julia. Este origen romano está relacionado con el emblema de la ciudad, la loba que amamantó a Rómulo y Remo. Estatuas y otras obras de arte que representaban a una loba amamantando a los gemelos Rómulo y Remo pueden verse por toda la ciudad de Siena. Otras etimologías hacen que su nombre derive del apellido etrusco «Saina», el apellido romano de los Saenii, o la palabra latina senex («viejo») o la forma derivada seneo, «ser viejo».

En realidad, Siena, como otras ciudades sobre colinas de la Toscana, fue primero un asentamiento etrusco (h. 900 a. C. a 400 a. C.), cuando estaba habitada por una tribu llamada los saina. Los etruscos fueron un pueblo avanzado que cambió el rostro de la Italia central a través de su uso de la irrigación para conquistar tierras que anteriormente no eran cultivables, y por su costumbre de erigir ciudades en fuertes sobre colinas de fácil defensa. Luego, en la época del emperador Augusto, se convirtió en colonia romana (Sena lulia). El primer documento que la menciona data del año 70. Algunos arqueólogos afirman que fue controlada durante una época por una tribu gala llamada los senones.

Siena no prosperó bajo el gobierno romano. No estaba cerca de ninguna de las principales calzadas y por lo tanto perdió oportunidades para comerciar. Su estaus insular significó que el Cristianismo no penetró hasta el siglo IV, y no fue hasta que los lombardos invadieron Siena y el territorio que la rodea que empezó a conocer la prosperidad. Su ocupación y el hecho de que las antiguas vías romanas Aurelia y Cassia pasaban a través de zonas expuestas a los ataques bizantinos, hicieron que las carreteras entre las posesiones septentrionales lombardas y Roma fuera trazadas nuevamente, a través de Siena. La consecuencia inevitable de ello fue que Siena prosperó como un centro comercial, y las corrientes constantes de peregrinos que pasaban desde Roma y hacia ella proporcionaron valiosos ingresos en los siglos siguientes. [Wikipedia]

De Juan Carlos Arranz

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