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La introducción de las huellas dactilares para el iPhone ha marcado un punto de inflexión en las aplicaciones biométricas Apple

“La gente está harta de luchar para recordar decenas de contraseñas”, señala la directora del Instituto de Investigación Científica de Seguridad Cibernética del Reino Unido, Angela Sasse, en declaraciones a The Guardian: “Introducirlas varias veces al día en diversos dispositivos interrumpe la fluidez del usuario y le hace perder tiempo”. Los proveedores de servicios y las empresas del sector son conscientes de ello y llevan años trabajando en ofrecer alternativas en forma de aplicaciones biométricas, wearables e incluso sistemas de identificación como el de Yahoo que elude el uso de claves.

Dado que cada vez se utiliza un mayor número de contraseñas y estas son cada vez más complejas para evitar ser hackeadas, el siguiente paso consistirá en poder acceder a todos los dispositivos y cuentas de usuario sin tener que introducir o memorizar ninguna de ellas.

En esta línea, la pulsera inteligente Everykey permite a sus usuarios identificarse automáticamente en sus dispositivos cuando están cerca de ellos. Todos los aparatos que detecta la pulsera se desbloquean automáticamente, al igual que las cuentas online, gracias a la conexión Bluetooth que retransmite su propia identificación en aquellos terminales en los que el brazalete ha sido configurado.

Sin embargo, en el campo de la seguridad informática, las innovaciones en biometría son las que destacan más por su aire futurístico. Son muchos los rasgos que hacen única a una persona: las huellas dactilares, los latidos del corazón, la forma del oído, hasta la manera de caminar o escribir.

“Con la introducción de las huellas dactilares para el iPhone de Apple y la integración del reconocimiento facial y del iris en el Windows 10, parece ser que el triunfo de la biometría no se puede parar”, asegura el investigador de seguridad de los laboratorios de innovación Telekom Jan Krissler, más conocido como Starbug.

No obstante, los riesgos en seguridad son aún altos en este tipo de soluciones. “Hay que tener en cuenta que los sistemas biométricos no son mucho más seguros que las contraseñas largas”, explica Starbug en unas declaraciones a The Guardian: “Y si sus características biométricas son robadas no se pueden conseguir unas nuevas”. El experto en seguridad recalca que continuamente se muestran en público las características personales de cada uno, hecho que permite robar dichos rasgos y acceder ilegalmente a las cuentas y dispositivos de los usuarios, como ya demostró en 2013 cuando enseñó como hackear el sensor dactilar del iPhone de Apple.

Origen: El fin de las contraseñas

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